Un acuerdo necesario

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El acuerdo en educación es el triunfo de la sensatez sobre la parafernalia, un conjunto de medidas que requieren de otros pasos para surtir efecto.___________

EN EDUCACION es difícil construir acuerdos. Se trata de un tema que desata pasiones, porque tradicionalmente la discusión ha estado dominada por visiones ideológicas antagónicas y maniqueas, además de por la defensa de intereses corporativos. Añádase a ello el discurso catastrofista y desinformado que causa frustración entre los actores del sistema (docentes, padres, sostenedores), quienes sienten el desconocimiento sobre los problemas reales que les afectan.

Por eso es tan valioso que el mundo político se ponga de acuerdo, como ocurrió ayer con la aprobación del proyecto de reforma a la Educación en la Cámara de Diputados. En esta ocasión, los parlamentarios estuvieron a la altura. Bien por la decisión de la Concertación de presionar al gobierno y condicionar su aprobación  al debido financiamiento  y búsqueda de consenso sobre otros temas importantes, como la institucionalidad de la educación pública, la carrera docente, las políticas para la educación inicial y la educación técnico-profesional, los cuales hasta el momento estaban ausentes de la agenda del gobierno.

Bien, también, por el pragmatismo y flexibilidad que mostró el ministro Lavín, recogiendo gran parte de las propuestas opositoras y revirtiendo decisiones anteriores al reponer las cuatro horas de ciencias sociales y aceptar el cambio de los semáforos para informar sobre los resultados escolares. Es del caso señalar que se vio aquello de que "otra cosa es con guitarra".

El ministro y los parlamentarios oficialistas aceptaron cosas que, cuando las propuso la Concertación, los habían hecho poner el grito en el cielo, como transferir recursos adicionales a la educación municipal, lo cual habían denunciado como discriminatorio con la educación privada.

Por otra parte, el acuerdo es el triunfo del camino de la sensatez por sobre la parafernalia. Lo que fue anunciado como la gran revolución de las últimas cuatro décadas, terminó  siendo, aun para el gobierno, un conjunto de medidas que requieren de otros pasos para surtir efecto. Ni las revoluciones ni los "cambios de sistema" propiciados por parlamentarios que rechazaron el acuerdo sirven para apoyar a las escuelas para que lo hagan mejor. En los hechos, el camino más eficiente ha sido el de los cambios persistentes y graduales con continuidad, para crear las condiciones que el país requiere en cada etapa.

No es casualidad que Chile sea el segundo país que más ha mejorado su educación en la última década, según las pruebas internacionales. Lo hemos hecho cuando estamos viviendo los efectos de una masificación de la educación que se hizo en forma extraordinariamente rápida. Por eso nos faltan profesores bien preparados, directores y sostenedores con liderazgo y capacidad de gestión y familias con mayor capital cultural. Cuando queremos compararnos con Finlandia, nadie dice que los finlandeses estaban alfabetizados en el siglo XVII y los europeos antes del XIX, mientras en América Latina aún hay más de cien millones de analfabetos. El acceso pleno a la educación secundaria en Chile es de hace menos de una década.  ¡Qué decir de la educación superior! Hoy tenemos cuatro veces más estudiantes en ese nivel que hace 20 años.

Por eso es tan valioso el acuerdo logrado. Marca un tono y no quedó en el camino como  el famoso acuerdo de las "manitos tomadas".

Autor:

Mariana Aylwin

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